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EMOTIVAS IMPRESIONES DEL PASEO AMALIANO

EMOTIVAS IMPRESIONES DEL PASEO AMALIANO - Gallo de Vidrio

EMOTIVAS IMPRESIONES DEL PASEO AMALIANO



 Por el poeta y doctor en filología José Matías Gil


Festividad de Santa Isabel de Hungría.
Hoy Amalio honraría, en la de Bellas Artes , de la que era Académico de Honor, a la titular de esta Real Academia. Aprovecho, Miguel Ángel, la efeméride para decirte algo de lo que más me impresionó en nuestra procesión cívica del 88 cumpleaños amaliano. Por cierto, ya no es pertinente referirse a Sevilla como la ciudad de las mil procesiones, sino de las mil y una procesiones. Lo resumo: El caballo / de la Verónica / eleva la tactopintura de Amalio / a su azotea de Doña Elvira.
La primera emoción tuvo lugar cuando nos metimos en la caja de la Giralda. Tú habías leído en el sitio exacto del estuche de la sagrada torre los versos de Alquibla y María José contó la caída de su padre del caballo en el camino de Damasco, o sea, el desplome del poeta en la calle de Placentines. No hay duda de que aquella primera visión sobrenatural le hechizó de tal forma que, aunque se dice que el artista, en una noche de amor, la hizo suya, fue, más bien, la Diosa la que hizo suyo a Amalio, convertido definitivamente en el Pintor de la Giralda, tal como reconoce la posteridad.
Luego, las obras de la Facultad no nos dejaron bajar a los sepulcros de Bécquer, Alberto Lista, Arias Montano…, pero vimos en la iglesia de la Universidad, Templo de la Anunciación, los dos paños de Verónica pintados por padre e hija. Ésta contó la levantá inenarrable que le dedicó el capataz de la Hermandad de los Estudiantes. Nosotros contemplamos, conmovidos una vez más, la faz de Juan Manuel…
¿Y qué decir de lo que vivimos en la Casa de los Pinelos? Cómo estaba la Academia, ascua de oro. Cúantas joyas . Qué brillo en la sala de Juntas, qué miradas de los numerosos visitantes de la Exposición de Otoño, qué fabuloso museo, qué juegos de reflejos y sombras en los patios, galerías y escaleras, cómo resplandecía el traje de luces de Curro Romero junto al cuadro de Amalio… Fue una lástima que, al hacernos la foto de familia con la tactopintura azul, cuya técnica supimos por María José, algunos no posaron porque , enredados en cortinajes y lámparas, querían ver todos aquellos tesoros . Y recordamos al otro académico, de Buenas Letras, Don Antonio García del Moral.
En fin, llegamos a Doña Elvira. La casa resplandecía como en sus mejores tiempos, gracias a Manuel Caballero, yerno de Amalio y Gerente de la Fundación. Las expresiones de asombro de los que entraban por primera vez eran para hacer cientos de fotos. Subían, bajaban, buscaban Giraldas en este y aquel cuadro y las encontraban. De pronto, se abrió una puerta y sonó el rasgueo de una guitarra. Nos quedamos con la boca abierta: sólo para tal momento había venido de Granada, donde tocaba en una cueva del Sacromonte, Josele, para acompañar a Manuel Aguilar, que estuvo superior en la voz y el sentimiento. Cantó muy bien. Qué fuerza, qué gesto. Sobresaliente. Ha hecho usted una buena adquisición, Don Miguel. El marido de María José, muy amable, atendía a unos y otros, sugería, explicaba. También su hija Marina. Yo quise llegar al antiguo escenario de nuestras tertulias, pasando por el estudio. Pero algunos se me adelantaron. Allí estaban en absoluto silencio dos de los primitivos de los setenta. Meditaban o rezaban. La noche era magnífica, no podía ser más buena, era la “Sevilla güena” del mejor Amalio, el gran Amalio. Y afortunado. “ ¡Oh noche amable más que la alborada!/ ¡Oh noche que juntaste/ Amado con Amada,/ Amada en el Amado trasformada.” ¡Oh San Juan de la Cruz! Cuando entré en la azotea casi me caigo. La Giralda estaba de dulce. Su proa dorada y divina casi me tumba. Y me dije que, si en el banquete celestial que nos espera más allá de las estrellas no está, tal como se adueña de ti en aquella postura, la Giralda, hay que mandar al purgatorio al Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
 Luego vino la bodeguita, etc. “ Qué horas más buenas estoy pasando”, decía una alumna privilegiada de Amalio, María Dolores de Constantina, a su marido José Antonio, ese fotógrafo imprescindible, que hay que ganar.  
Estuvo interesante el incorporarse y retirarse de los que no podían permanecer con nosotros las cinco horas que estuvimos juntos. Yo no conocía a nueve o diez de los fijos. Sin contar los curiosos que miraban la Giralda que paseaba Onofre, pero sumando los espontáneos y   los transeúntes que se pararon a escuchar en ciertas paradas (Giralda, Facultad, Plaza del Pan…), fuimos más de cuarenta los que participamos y aprendimos aspectos nuevos del artista. Al terminarse el cante flamenco, se comentaba que habría que repetir el paseo el año que viene. No me parece por varias razones; sería mejor, dentro de cinco años y comparar las fotos respectivas en la página web de GALLO en 2015. No sé si Fernando Rodríguez Izquierdo, Elena Barroso, Ángel Moruno, etc., han recibido el programa de actos y los correos reenviados. Hay otros a los que hacer partífices. ¿Habrá carteles para ellos?
Me parece que estoy abusando, así que punto en boca, Señor Presidente. Retíreme la palabra. Hasta más ver. JMG.